Dormir sin sufrir de la conciencia, dejar soñar a nuestros inocentes hijos, debería ser una verdadera obligación.
La obsesión de los adultos de no estar juntos en busca del respeto a la diversidad,debemos corregirla.
Buscar objetivos en común, vernos como familia para que encontremos armonía. Demostrar con acciones que hemos aprendido lo malo de nuestras decisiones, que deseamos verdaderamente un mundo lleno de paz.
Hagamos libres a los que vienen atrás, de tabúes y ataduras que tarde o temprano se irán.
Ya que el idioma nos permite comunicarnos y separarnos por haber muchos en el mundo, hagamos de la ética un lenguaje global (pensar, hacer, decir)que regule el comportamiento de la gente. No dejar que nos gane la indiferencia, tengamos esperanza de que el amor a nuestro niños hará la diferencia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario